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+18 - The darkest night - Sergei Köhler

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+18 - The darkest night - Sergei Köhler

Mensaje por Evan Dalgliesh el Vie Jul 15, 2016 1:57 pm

El calor de la batalla corría por sus venas acelerando su corazón. La oscuridad de la noche era su única aliada. Pronto, muy pronto, todo culminaría. La misión era simple, su objetivo estaba claro. Debía detener a un grupo de los Covenant of Shadows, los cuales habían emboscado a un grupo de reclutas para interrogarlos sobre la ubicación secreta de los Caballeros de Krynn. Desde luego, ningún caballero ni recluta revelaría jamás esa información. Todos, absolutamente todos, sabían que las consecuencias por desertar eran infinitamente más severas que cualquier tortura que pudieran recibir por parte del enemigo. Pero eso no significaba que fueran a abandonarlos. Por eso, él, que se consideraba el más fuerte de su orden excepto tal vez por el propio Dahl, había aceptado la misión de ir a rescatarlos o en caso de fracasar, poner fin a su miseria.

Los había rastreado hasta un edificio casi abandonado. Allí tenían a los tres reclutas, mutilados, completamente destrozados. Uno de ellos ya había muerto, haciendo que cualquier intento de rescate fuera completamente estúpido. En canto a los otros dos, estaban severamente dañados. Incluso cuando pudiera rescatarlos, sus heridas eran tan severas que ya no volverían a ser de utilidad para la orden. No, intervenir sería un innecesario desperdicio de energía y tiempo. De todos modos, el deber y el honor lo impulsaban a intervenir. No dejaría a apenas unos mocosos en manos de crueles enemigos para que su tortura durara lo que esos bastardos quisieran prolongarla. No necesitaba demasiado, apenas una rendija en una ventana, una ranura, o el más pequeño orificio en la pared. Con sólo eso, y un hechizo extremadamente básico, retiró el aire de aquella habitación dejando que quienes aún estaban dentro, cayeran en un pesado sueño del cual jamás despertarían. Muerte por asfixia, la forma más limpia de matar, sin dejar pruebas ni evidencias que lo vincularan con la escena.

Satisfecho por su labor se volteó, dispuesto a marcharse y remitir su informe. Dahl no estaría contento con lo sucedido, y tampoco él lo estaba. Pero la noche albergaba varias sorpresas más aún, como pronto descubrió al girar sobre sí mismo para marcharse y sentir un punzante dolor en su abdomen. De algún modo debía haber bajado la guardia cometiendo un error tan atípico en él, como aprovechado por el enemigo. Una daga, de rojizo filo se retiró de su estómago con violencia sólo para volver a penetrarlo unos pocos centímetros a la izquierda forzándolo a curvarse del dolor. Todo pareció transcurrir en cámara lenta. Sabía que tenía que tomar acción de inmediato o pronto moriría. Pero sus los años de abandono en la calle, y los subsecuentes de entrenamiento con los Krynn le habían dado una resistencia con la que un niño mimado no habría podido soñar siquiera.

La daga volvió a hundirse por tercera vez en su cuerpo, y ésta sería la última. Sostuvo el mango, reteniendo el arma y haciendo que la temperatura aumentara. El mismo filo cauterizaría la herida, y en apenas un parpadeo, el sujeto que lo había emboscado ardía en llamas inmerso en los más desgarradores gritos de dolor. Existían pocas muertes más dolorosas que el ser quemado vivo, por lo que sin duda, ese era uno de sus poderes predilectos. La forma en la que la carne se calcinaba a medida que los gritos iban menguando. Como los ojos, enteramente salidos de sus órbitas, enloquecían por el atroz dolor que se le estaba infundiendo al cuerpo. Y finalmente, el sublime final, en que las piernas ya no eran capaces de sostener al cuerpo que caía convulsionando al suelo en lo que eran los últimos vestigios de la agonía que le infundía a su víctima.

Cuando todo finalizó comprendió que el momento había llegado. Tenía que huir, desaparecer. Era uno de los rostros más buscados y acababa de dar un espectáculo que mínimamente, media manzana tendría que notar. Herido como estaba, se apresuró apoyándose contra las paredes mientras cauterizaba las dos heridas que le faltaron. No era la mejor herramienta médica, pero con las prisas era lo más inmediato que podía hacer. Dobló en una esquina, ocultándose en las sombras que un callejón le brindaba, pero había pasos detrás de él. Una sonrisa sádica se formó en su rostro, adoraba las situaciones de matar y morir. La adrenalina corría por sus venas excitándolo. Confiaba en sus habilidades ciegamente, quien lo estuviera siguiendo se arrepentiría con su cuerpo, su carne, su alma y su vida.
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Re: +18 - The darkest night - Sergei Köhler

Mensaje por Sergei Köhler el Vie Jul 15, 2016 6:45 pm

Llevaba un tiempo atrapado en aquella mentira, tanto que por momentos comenzaba a olvidar quien era en realidad y se confundía con quien fingía ser. La línea divisoria era cada vez más borrosa y terminó llegando a la conclusión que todo era gracias a que comenzaba a echar raíces en el senado. La vida de su hermano había sido tan increíblemente aburrida que el inútil había tenido suerte al terminar siendo el que murió. Incluso podría considerarse un suicidio en toda regla. Era hora de retomar su vida, ahora tenía la ventaja de que era prácticamente invisible y que usando el poder político de su hermano, todo un mundo nuevo se arrodillaba ante él para que pudiera usarlo como quisiera. Llevaba demasiado tiempo fuera del juego y bien sabía que si seguía demorándose perdería toda posibilidad de conseguir sus ambiciones. Lo que antes fue una tediosa presión, ahora era una perfecta mascarada bajo la cual podía actuar con completa libertad. Nadie sospecharía del impecable Senador.

Una vez se puso en acción, no tardó en encontrar algunos posibles conejillos, lo único que necesitaba de ellos era saber si tenían en su poder el dispositivo para viajar en el tiempo. Sin embargo alguien se le adelantó. En un principio pensó que eran los Covenant, pero en cuanto vio sus métodos dejó de estar tan seguro. O las normas habían cambiado en este último tiempo, o se había perdido la parte interesante de la partida. De todas formas no compartía sus métodos, prefería la sutileza a la brutalidad, pero se quedó observando, cualquier posibilidad de conseguir el dispositivo, valía el riesgo de ser descubierto y tomado por uno de ellos. Usando su habilidad, se acomodó a una distancia segura, valiéndose del primitivo sistema de vigilancia del lugar para observar en calma, no obstante la crudeza de las imágenes le bastaron para incomodarlo. Aquellos no eran soldados, eran verdaderos asesinos. Uno a uno, iban metiéndolos en su retorcido juego de horror. Dudaba siquiera que siguieran interrogándolos, sólo se limitaban a ver quién los destrozaba de la forma más lenta. Cuando el primero de ellos cayó, ni siquiera era reconocible como un ser humano. Sus extremidades formaban ángulos antinaturales, uno de sus brazos lucía a medio arrancar, sus manos tenían varios dedos amputados, incluso una de sus orejas yacía a los pies de otro de sus compañeros. Le habían perforado sus ojos en un capricho y al final aceleraron su muerte al abrirle el estómago. Sin lugar a duda el único acto piadoso que les vio aquella noche.

Luego de aquello, era evidente que los demás compartirías su destino más pronto que tarde, no tenía nada más que hacer allí. Todo había sido un completo desperdicio de tiempo y energía, pero cuando se disponía a marcharse, vio como todos caían de repente, sin motivo aparente ni ninguna pista de lo sucedido. Intrigado, comenzó a rastrear los alrededores hasta dar con una figura en fuga que no tardó en ser interceptada. Si había sido la responsable de acabar con los de la habitación era increíble que no pudiera defenderse a sí misma. Perdió en interés hasta que vio algo sumamente interesante. Dejó de valerse de la tecnología y decidió presenciar en persona el espectáculo de esa noche. Llegó en el momento en el cual los sonidos de la víctima desaparecían entre sus últimos espasmos de agonía. Era evidente que aquel sujeto era más interesante que un recluta, tenía más posibilidades de encontrar el dispositivo por medio suyo, o al menos información útil.

Lo siguió en silencio, valiéndose de la noche para ocultarse, disfrutando aquella persecución como si de una cacería se tratase. Lamentablemente, de nuevo intentaron meterse en su camino. Ya le habían arrebatado una presa y ésta definitivamente era mucho más jugosa que aquellas tres lagartijas desnutridas. No iba a dejar que se le escapara entre los dedos, aunque no estaba del todo decidido a intervenir. Sin embargo, al ver la sonrisa que cruzaba su rostro, aquel descarado desafío contra todo pronóstico y a pesar de la negra situación, despertaron su espíritu. Poco importaba que clase de pez era en realidad, podía ver en él un desafío digno de sus habilidades y su tiempo. Claro, si sobrevivía. Los enemigos rodeaban la zona y comenzaban a cerrar el perímetro en torno a ellos, si se quedaba más tiempo lo atraparían y debería responder incómodas preguntas, y si se iba sin aquel hombre, se quedaría sin diversión luego. Sin seguir perdiendo el tiempo, se acercó a la hiena que iba tras su conejo y acabó su vida en un rápido movimiento de su mano. Al hacerlo a quemarropa, el atuendo del sujeto ocultó la evidencia del uso de su magia. –Muévete.- le ordenó al otro sujeto mientras se rebajaba a ayudarlo. Había visto como lo atacaban, no creía que pudiera huir muy rápido por si mismo y no iba a ceder a su nuevo objetivo así porque si.


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Re: +18 - The darkest night - Sergei Köhler

Mensaje por Evan Dalgliesh el Vie Jul 15, 2016 7:46 pm

Todo estaba en su contra y lo sabía, pero no podía importarle menos. Las situaciones adversas eran su especialidad, y si todo saliera a pedir de boca, aquella misión habría sido tan tediosamente aburrida que posiblemente hubiera terminado destruyendo toda la ciudad sólo para divertirse. Disfrutaba cuando sus planes fallaban, tal vez por eso dejaba esos grandes baches dentro, para permitirles a los enemigos acercarse y ponerle las cosas más entretenidas. El calor de la sangre que había salido de su cuerpo comenzaba a extinguirse, haciendo que su ropa se acartonara y enfriara, eso era incómodo, pero no importaba tampoco, pronto se cambiaría. Tenía una muda de repuesto preparada, oculta en un contenedor. Era una de las medidas más básicas que tomaba, al cambiarte la ropa era más sencillo que desaparecieras. Y siendo uno de los más buscados de la galaxia, hacerse invisible era la actividad más básica que había debido adquirir.

Observaba la oscuridad esperando a su agresor. Había escuchado sus pasos, no estaba equivocado, estaba siendo seguido. Cuando la figura se alzó ante él la ansiedad se apoderó de él, listo para crear corrientes de viento que rebanaran cada centímetro de piel de ese sujeto hasta reducirlo en un picadillo tan fino que hasta a las ratas les costaría usarlo de cena. No obstante, antes de que pudiera hacerlo el hombre cayó muerto a sus pies, para su gran decepción. – Era mío. – se quejó con el sujeto que apareció detrás del recién difunto. Le había dado una muerte demasiado rápida, no había gracia en eso.  De todos modos, y para su desagrado, era evidente que los Covenant of Shadow habían armado todo ese escenario con el objetivo de capturar a un Krynn oficial y no a simples reclutas. Era de esperar que estuvieran desplegando todo un operativo alrededor de la zona, y que si no se apresuraba en marcharse, terminaría inmerso en una situación demasiado que aunque divertida, sería lo suficientemente desfavorable como para hacer que Dahl se irritara. Jamás entendería por qué le insistían en que midiera sus poderes de manera tan deliberada, y aunque albergara sus sospechas, jamás se permitiría a sí mismo expresarlas, pues el simple hecho de pensarlas era una ofensa al Líder Caballero.

Renegando de su suerte aceptó la ayuda del extraño, dejando escapar un gemido de dolor cuando fue tan descuidadamente sostenido. Se esforzó por mantener el paso y seguirlo sin recargar enteramente su peso sobre ese hombre. Era un auténtico cretino, podría correr más rápido si dejara de sostenerlo de ese modo que ponía sus heridas en tensión causándole más dolor que cualquier otra cosa. Lo guiaba por los callejones de manera en apariencia aleatoria. Si no tenía idea de hacia dónde iban no llegarían a ningún lado. Al doblar en una esquina, cuatro hombres del Covenant of Shadows les cortaron el paso. Tres de ellos le eran completamente desconocidos, pero reconoció a uno de ellos como uno de los generales. Se habían encontrado algunas veces en el pasado, y no todas las había ganado. Por fin la noche se estaba poniendo realmente interesante. Si planeaba salir de allí sin defraudar a Dahl, tendría que luchar. Estaba seguro que si le llevaba la cabeza de ese sujeto, sería mucho mejor recibido que si sólo llevaba las noticias de los reclutas caídos. – Más te vale no ser un completo inútil. – le advirtió al tipo que tenía al lado apartándolo un poco.

Para derrotar a esos tres, su prioridad tendría que ser el general. Los otros dos seguramente eran reclutas o soldados de poca monta, un trío de “don nadie” que difícilmente podrían siquiera mirarlo antes de que los asesinara. Con ellos podría jugar, el general sería el problema si no lo atacaba primero, e iba a disfrutar poniéndole fin a su vida. Con un rápido pero sutil movimiento de su mano una cuchilla formada enteramente por viento rebanó los brazos del general enemigo. Iba a matarlo, pero no lo haría rápido. Sin duda él había sido quien ideara aquella estrategia, y si se había tomado tantas molestias para procurarle una noche de diversión, lo mínimo que podía hacer él era devolverle la cortesía. Moviendo luego uno de sus pies, la tierra bajo los pies de los reclutas se alzó quebrando el suelo formando dos paredes paralelas entre sí, que en un parpadeo se unieron atrapando al primero de los soldados y la pierna del segundo.

El primero de los soldados había muerto, el segundo había perdido una pierna. El general no tenía brazos y el turno del cuarto hombre llegó. Cerrando el puño extrajo todo el aire de sus pulmones, haciendo que éstos colapsaran impidiéndole respirar. De ese modo le garantizó una muerte relativamente rápida, aunque guiada por la desesperación. El sujeto que había perdido una pierna parecía estar sufriendo demasiado, pero aún podía sobrevivir, por lo que concentrándose un poco hizo que toda el agua de su cuerpo escurriera por la herida de su pierna deshidratándolo y generándole una muerte extremadamente dolorosa, aunque también bastante rápida. Desde luego el agua salió arrastrando la sangre, y el cadáver que quedó detrás acabó convertido en una momia. No era tan cruel con quienes no le habían hecho de manera directa. Pero ahora sólo quedaba ese general, y él no tenía salvación. Soltándose del hombre que lo había ayudado se inclinó. - ¿Alguna última voluntad? – le preguntó antes de apoyar una mano sobre su estómago y comenzar a manipular los elementos que allí había. El agua de su sangre, haciéndola girar en un remolino violento que destrozara sus órganos, el aire que ahora comenzaba a impulsarse hacia la superficie rasgando su piel y dejando que sus vísceras brotaran de su cuerpo. Los gritos y las convulsiones de dolor eran sublimes. Lo miró a los ojos hasta que ya no hubo rastros de cordura en ellos, y continuó mirando, saboreando cada instante, hasta que la vida se extinguió por completo. Sólo entonces tomó la misma daga con la que lo habían atacado y le cortó la cabeza tomando un souvenir que rápidamente guardó en una bolsa mágica que de inmediato ocultó entre sus ropajes. Más cuando quiso levantarse ya no fue capaz de hacerlo. Había abusado de su poder, y ahora sus heridas le estaban pasando la factura. Tenía que salir de allí de algún modo y urgentemente, pero no creía poder hacerlo por sí mismo. – Ayúdame. – le pidió al tipo para que lo asistiera y le permitiera incorporarse.
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Re: +18 - The darkest night - Sergei Köhler

Mensaje por Sergei Köhler el Dom Jul 17, 2016 6:17 pm

Todas las molestias que se había tomado en rescatarlo, fueron mal recibidas. Aquel sujeto no sabía lo afortunado que había sido en que él se dignara a brindarle su ayuda, pero no importaba, lo que no supiera lo beneficiaba en realidad. Fue una desagradable, pero divertida sorpresa el oír su pequeño capricho y la casi pataleta que lo acompañó. Si seguían perdiendo el tiempo allí pronto tendrían enemigos hasta para regalar a los más necesitados y carenciados de todo el sistema. No iba a quedarse a pelear con cada uno de ellos, arriesgándose a ser reconocido o capturado. Su posición en el senado dependía de que tan bien era capaz de interpretar el papel de su hermano y él jamás hubiese sido visto en una situación parecida. Incluso dudaba de que tuviera consciencia de que existía vida debajo de las ciudadelas o de las condiciones en las que esta subsistía. Ningún pez gordo se merecía tanta atención o esfuerzo de su parte, así que si el señor alfiletero no se dignaba a moverse de allí o al menos a dejar de retrasarlo, lo dejaría atrás sin siquiera voltearse a ver como lo acababan o capturaban.

Una vez se dejó ayudar, pudo intentar sacarlos de allí, pero esta vez el operativo era bastante efectivo. Comenzaba a dudar de que fuera una simple coincidencia. Más bien parecía que los reclutas fueron una carnada sumamente efectiva y que el pez gordo que había picado era el que ahora gemía entre sus brazos. Se anticipó a cada callejón sin salida valiéndose de su conocimiento de sus métodos y usando su habilidad cada vez que podía, pero como si de un hormiguero se trataba, no dejaban de salir más y más enemigos detrás cada puerta y comenzaban a anular sus opciones. Dudaba que a estas alturas pudiera negociar con ellos o hacer uso de su influencia, debía correr y ocultarse cuanto antes. Luego de lo que había visto, estaba seguro que no iban a ser tolerantes con ninguno de ellos, atacarían y luego los acabarían. Lo cual volvía todo increíblemente divertido y estaba al borde de dejarse ver sólo para ponerse a prueba y ver que tanto podía escapar o si la suerte por fin lo abandonaba. Claro que eso dejaría escapar al sujeto que cargaba.

Más temprano que tarde, llegaron al punto en que la única forma de salir de allí era combatiendo cuerpo a cuerpo. Evitó las zonas más numerosas o las tenían la clara apariencia de ser una trampa y terminaron encontrándose con cuatro hombres de las sombras. No le molestaba con ser reconocido, su rostro quedaba medio oculto entre su sombrero y las solapas de su abrigo, pero por suerte ni siquiera debió preocuparse por cómo acabarlos, ya que la respuesta llegó por si sola. Dejó que el sujeto se apartara de él y se hiciera cargo de la situación, era mejor que se agotara por sí mismo así luego no debía esforzarse demasiado cuando debiera derrotarlo si se ponía de gallito una vez más. Quizás había juzgado mal sus heridas y no eran tan graves, eso también le serviría para evaluar su condición y su verdadero valor. Mientras más alto estaban en la jerarquía, más molestos se volvían, así que si podía sacarlos de allí por sí mismo, significaba que estaba vez había dado con el indicado. –No debes preocuparte por mi.-

Al observarlo combatir, no solo pudo asistir a un buen espectáculo como hace mucho no veía, sino que aprendió muchísimo. Era peligroso sin lugar a dudas, pero también hábil y estaba comenzando a sospechar que había algo más en él que solo magia y experiencia de combate. Su cabello se agitó por una repentina ráfaga de aire y de inmediato se escucharon los gritos de dolor de uno de los soldados seguido del ruido de sus brazos cercenados cayendo en el suelo con un ruido seco. El olor metálico de la sangre se sumó al de la inmundicia del callejón. Se apartó un poco para evitar ensuciarse y siguió observando que hacía el pequeño caballero a continuación. Acto seguido, el suelo comenzó a vibrar bajó sus pies, elevándose en dos paredes que aplastaron a otro de ellos como si fuera un mero insecto. La sangre que salpicó llegó a ensuciar su rostro con algunas gotas, las cuales procuró de limpiar de inmediato. El ruido había sido igual de desagradable que el producido al aplastar una enorme cucaracha. El tercero había perdido una de sus piernas en el ataque y ahora los jirones ensangrentados de esta colgaban sacudiéndose con cada uno de sus movimientos.

Muchas cosas había visto a lo largo de su vida, pero ninguna que explicara que mató al cuarto sujeto. Este simplemente cayó sobre sus rodillas, sujetando su garganta y moviendo sus manos en un silencioso pedido que nadie consiguió comprender. Sus ojos parecía que se saldrían de sus orbitas hasta que finalmente la vida los abandonó. Eso significaba que aquel pececito podía atacar a distancia sin esforzarse y era mortal. ¿Sería un sicario? Las cosas no dejaban de mejorar a cada segundo. Se preguntó si sería capaz de evitar que le sucediera lo mismo y que cuales serían sus probabilidades de detenerlo una vez que supiera que sucedía en realidad. El sujeto de la pierna no tardó en desangrarse, a una velocidad alarmante, pero si era de esos sujetos con la sangre enferma, era un idiota por haber ido a combatir. Luego de eso quedaba el lisiado, pero nuevamente el caballero salió al ataque. Sus sospechas comenzaron a convertirse en certezas al ver cómo acababa con el último, usando sus manos, el cuerpo comenzó a inflarse y a expulsar sus órganos hacía afuera del mismo modo que lo haría algo impacto por un rayo de microondas. No tenía dudas de lo hábil que era el sujeto, pero definitivamente no tenía el mejor sentido del gusto. Sus muertes eran grotescas y desagradables. El hedor que brotaba del segundo cuerpo gracias a sus órganos destrozados lo obligó a cubrir su nariz.

Ahora que todo había acabado, el caballero estaba en peores condiciones que antes. Bufó con disimulo y revoleó sus ojos. Pasaba de ser una máquina asesina a un niño pidiendo amparo en menos de un parpadeo. Sintió un placer insano al verlo tirados a sus pies suplicando por su ayuda, pero no pudo quedarse a disfrutarlo demasiado o perderían la brecha que acababan de conseguir. Maldijo porque debió acercarse aún más al maloliente cuerpo. ¿No pudo al menos conservar sus intestinos enteros? Su contenido era asqueroso. Una vez a su lado, lo ayudó a incorporarse y a una desesperante lentitud, consiguieron salir del perímetro cercado hasta llegar a su vehículo. Allí lo ayudó a subir y se sentó detrás suyo. No iba a arriesgarse que perdiera el equilibrio o se desmayara en el camino y que sus sesos adornaran la carretera. Arrancó su motocicleta, permitiendo que su silencioso impulsor la elevara antes de arrancar lejos de allí. En el camino decidió que lo llevaría a una de sus casas de seguridad, pero a mitad de recorrido se arrepintió, iba a ser más divertido si sabía exactamente quién era él. Valiéndose de la noche, condujo hasta que llegó a su nueva propiedad, la que antes fue de su hermano pero que ahora era su territorio de completa inmunidad política. Al llegar, lo ayudó a bajar y a llegar hasta una de las habitaciones de la planta baja. –Tenemos que curarte.- le dijo comenzando a acercar los elementos del botiquín y algunos otros que por experiencia sabía que necesitarían.


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Re: +18 - The darkest night - Sergei Köhler

Mensaje por Evan Dalgliesh el Dom Jul 17, 2016 8:05 pm

Para poder huir había tenido que luchar contra su enemigo, obteniendo así la recompensa que luego le daría a Dahl. Era bastante caprichoso a pesar de ser un líder, seguro que le agradaba que le llevara un obsequio y le demostrara que había pensado en él incluso cuando estaba lejos. Era la clase de persona que aunque no quisiera nada serio, igual que él por fortuna, disfrutaba de aquellas pequeñas muestras de atención. Incluso siendo más grande que él, a veces parecía un crío que necesitaba reconfirmar ser el centro del mundo de todos quienes lo rodeaban. Claro que antes de poder llevarle ningún obsequio tenía que resolver la pequeña situación que tenía entre manos, y eso incluía pasar por algún sitio tranquilo que le permitiera atender sus heridas y curarse. Sus juegos, corriendo riesgos innecesarios a cambio de la emoción que le brindaba la adrenalina, eran privados incluso para los Krynn. Después de todo, dentro de los caballeros lo que importaban eran los resultados, y los suyos siempre eran esplendidos. Sus métodos a nadie concernían.

Ultimamente se había vuelto mucho más descuidado. Anhelaba nuevos desafíos que le permitieran explorar sus límites, los cuáles aún desconocía. Su curiosidad lo llevaba a explorar más allá, siempre dando un paso más lejos. Tal vez algún día acabaría caminando sobre el hielo, demasiado frágil para sostener su peso, y hundiéndose en su propio orgullo traicionado por su exceso de confianza. Pero en tanto eso no sucediera, podría divertirse poniéndose a prueba a sí mismo, a su poder, a su resistencia, y a todo aquel que fuera lo suficientemente estúpido como para entrometerse en su camino. Todos los que se opusieran a su voluntad lo lamentarían, porque aunque no le interesara controlar la galaxia como hacía Dahl, el poder de imponer sus designios sobre los seres inferiores sí era algo demasiado tentador como para resistirse. El sabor de la sangre y la adrenalina, la embriagadora sensación que generaba el delirante sufrimiento de sus enemigos, cada pequeña venganza que se permitía con solo respirar un día más. Oh si, la galaxia apenas estaba comenzando a oír sobre él.

Tétricas, las sombras se extendían a los lados del callejón. Pronto comenzarían a llegar más y más enemigos; y tanto él como el desconocido que se había mostrado interesado en ayudarlo tenían que salir de allí cuanto antes. El olor a sangre y muerte se mezclaba con el de la mierda y basura del callejón. Si el sujeto que lo acompañaba se atrevía a vomitar saturando aún más el pestilente aire lo asesinaría a él también. Pero por fortuna no fue necesario, y atendiendo su orden se acercó a asistirlo en su esfuerzo por volver a incorporarse. Se sujetó de él repartiendo así su peso. Al verse liberadas de parte de la carga, sus piernas lograron la fuerza suficiente para incorporarlo y ponerlo de pie, posiblemente hubiera podido hacerlo de todos modos aunque estuviera solo, pero habría tardado unos valiosos segundos que en ese momento no le apetecía perder. Tenía la garganta seca y cuanto antes consiguiera llegar a un bar, mejor.

Olvidando el detalle de que aún deseaba regresar y terminar de limpiar la zona con sus propias manos, se dejó guiar esforzándose por caminar tan rápido como le era posible hasta que alcanzaron una motocicleta. Ese loco, pues no podía llamar de otro modo a alguien que decide intervenir en la situación en que se había metido,  lo ayudó a subirse. El dolor que sintió al tener que levantar la pierna para poder sentarse en el asiento de la moto intergaláctica fue atroz, y le tardó un par de minutos en recuperarse. Para cuando lo logró, el otro sujeto ya estaba sentado detrás de él conduciendo a toda velocidad lo más lejos de allí que era posible.

En algún punto del viaje, el hombre pareció cambiar de dirección alterando el destino, pues giró la moto en una dirección casi opuesta a la que estaban recorriendo y Evan no había notado que nadie los siguiera hasta allí. De todos modos estaba comenzando a sentirse fatigado y friolento, tenía que atenderse las heridas si no quería comenzar a caer en la zona de desventaja. Además, el que ese tipo se hubiera mostrado tan dispuesto a ayudarlo, lejos de parecerle un golpe de suerte se le hacía horriblemente sospechoso. No se fiaba de él, era casi seguro que tuviera segundas intenciones y eso le estaba provocando un espantoso mal presentimiento.

Las luces que los rodeaban pasaban a toda velocidad a sus lados. El viento golpeaba su rostro dificultándole abrir los ojos, y el acartonamiento de su ropa ya era más que molesto, odioso. Se llevó la mano al pecho, allí donde las tres puñaladas habían acertado en su blanco y al retirarla comprobó que estaba sangrando de nuevo. Tal vez se le habían vuelto a abrir durante la batalla, al hacer fuerza para incorporarse, o al subir al vehículo cuando tanto le dolió el tener que forzar su cuerpo con movimientos tan extremos teniendo tres perforaciones abdominales.

Quien quiera que fuera el que manejaba detuvo la moto en el garaje de una lujosa casa y lo ayudó a bajar en un movimiento demasiado brusco. Gruñó nuevamente notando lo mareado que estaba. – Eres muy observador – le respondió con sarcasmo dejándose llevar hasta un dormitorio. Por fortuna el tipo había sido lo suficientemente listo como para ahorrarle el subir por las escaleras, porque de no haberlo sido, le agradecería sus buenas intenciones arrancándole la cabeza. Observó el botiquín que aproximaba con desconfianza. – Tranquilo. – le advirtió. – Yo me atenderé solo. – se aseguró de dejarle en claro. No iba a entregar su cuerpo a un desconocido, confiando en que supiera cómo atenderlo y no quisiera obtener ningún beneficio extra.

Únicamente necesitaría ayuda en cosas puntuales, como comprendió cuando intentó quitarse la camisa y notó que el movimiento necesario para hacerlo le era en exceso doloroso. – Quítame la camisa. – le pidió tras desabotonarla dejando expuestas sus heridas y algunas de las cicatrices que allí yacían. Tenía una serie de marcas circulares, similares a quemaduras que parecían querer dibujar un dado de cinco puntos sobre el pectoral derecho, y un corte que nacía debajo del ombligo e iba a perderse bajo la línea del pantalón, además de las tres nuevas marcas punzantes por las cuales seguía brotando sangre en cantidades demasiado grandes. En su espalda poseía una gran cicatriz que la atravesaba de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha. El resto de sus marcas seguían cubiertas por su pantalón, excepto claro las de su rostro que ya ni siquiera se molestaba en ocultar. La marca en su ceja izquierda, la del lado derecho de su labio inferior, la del mentón y las que su cabello disimulaba, eso ya no veía al caso.

Estaba comenzando a ver borroso, así que el tiempo para atenderse escaseaba. Pero no importaba, le gustaba jugar al límite y poner a prueba su resistencia era tan suculento como explorar el alcance de su poder. Tomando el botiquín en sus manos, examinó una de las pociones reconociéndola como vigorizante, y otra como una encargada de restaurar el plasma. Las utilizó con precaución, si eran buenas actuarían, y si no el daño sería contenido lo más posible. –Quédate donde pueda verte – le dijo al hombre mientras complementando el botiquín, su magia, experiencia y algunos conocimientos que había adquirido, atendía su cuerpo.

Las muchas veces que había resultado herido desde que sus padres murieran, había dependido únicamente de él el atender su salud. Estaba acostumbrado a coserse, lavarse, desinfectarse y cambiarse los vendajes. Pero dentro de la orden de los Krynn había aprendido los hechizos pertinentes para hacer todo eso de manera mucho más efectiva, incluso para evitar las cicatrices. Nadie pensaba que el hijo de una senadora terminaría luchando por su supervivencia en las calles de una mugrosa ciudad. Intercambiando su dignidad y alma por un plato de comida, disputándose la vida a cambio de una manta, y apostando contra el destino a vivir con un techo sobre su cabeza en el escalón de alguna casa, o morir bajo la extensión del inmenso cielo que vinculaba a todas las galaxias.

Empezaba a dar fin con sus cuidados cuando se permitió suspirar de alivio. Ya se estaba sintiendo mejor, por fin las pócimas estaban haciendo efecto y el mundo parecía querer dejar de girar. Pero eso no quitaba el que estuviera en un sitio desconocido, en la casa de un extraño cuyo nombre ignoraba al igual que sus intenciones y elección de bando. De haber sido del Covenant of Shadows ya lo habría atacado, y no se habría tomado el trabajo por ayudarlo a escapar ni cometería el estúpido error de permitirle recobrar fuerzas. – Prepara un trago mientras acabo – le pidió sacándoselo de encima unos momentos y permitiéndose terminar de reponerse a solas también. Tampoco creía que fuera un Caballero del Krynn, ya habría hecho algún comentario, los suyos no eran famosos por su silencio entre sí. Era posible que tuviera delante suyo algo mucho más interesante de lo que suponía… O a alguien con severos problemas mentales que hubiese estado intentando hallar una solución pacífica para la batalla, o con un retraso tan grande en sus pensamientos que ni siquiera se hubiera enterado de la guerra que se estaba librando fuera de su casa. Pero dado que el lugar parecía una mansión, esas dos opciones parecían poco probables.

Esperó unos momentos luego de terminar de atenderse las heridas. No le quedarían secuelas ni cicatrices, sólo debía permanecer en reposo un par de horas para que cualquier huella del daño recibido terminara de desaparecer para siempre. Permaneció sentado, aprovechando para estirar un poco la espalda haciendo que su cuerpo tronara y se distendiera. - ¿Quién eres y por qué interviniste? – le preguntó al sujeto sin dar más vueltas al tema. No creía que fuera necesario decirle que lo mataría si su respuesta no le agradaba, esperaba que eso hubiera quedado lo suficientemente en claro o tendría que explicitarlo aún más. - ¿Qué es lo que quieres? – no era tan ingenuo para pensar que alguien pudiera llegar a ayudarlo por mero amor cristiano. Esa clase de pelotudos se habían extinguido hacía muchos siglos atrás, por fortuna.
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Re: +18 - The darkest night - Sergei Köhler

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